Otra vez, Rosa. Otra vez he vuelto a oír que el voluntariado es altruismo, entrega y amor al prójimo. ¿Y qué más? Lo malo es que esta vez se lo he oído en un acto público a una representante de la Plataforma Estatal del Voluntariado. Así nos va.
Perdona que me sulfure pero es que no puedo concebir que una persona se convierta en voluntaria a cambio de nada. No estoy de acuerdo.
¿Dinero? ¿Quién ha dicho dinero? Por supuesto que los voluntarios no cobran por su trabajo. ¿Pero no reciben nada? ¿Seguro?
Las ONG han estudiado mucho y muy bien las motivaciones de las personas voluntarias. Y la conclusión es que son muchas y diversas, se confiesen o no. Pero vamos, es que tampoco hay que investigar mucho para darse cuenta de todo lo bueno que te aporta ser voluntaria.
El voluntariado mejora tu autoestima, te enseña a trabajar en equipo y muchas cosas más, te revela facetas de tu personalidad que quizá no conozcas, te lleva a conocer de cerca la realidad del mundo (la realidad real), te ayuda a liberarte de clichés y prejuicios, conoces gente sana, te permite utilizar mejor tu tiempo, te enfrenta contigo misma, te pone en contacto con gente muy interesante, te baja los humos, te hace sentirte mejor ciudadana, te hace sentir bien. ¿Sigo? ¡Éstas son las recompensas del voluntariado!
Puedes movilizarte por caridad (cada uno tiene sus motivos) pero yo prefiero hacerlo por justicia social, por ciudadanía planetaria, por sentido común.
A mí me parece, Rosa, que si vemos cosas que no están bien, siempre tenemos la opción de hacernos voluntarios. Hay mucho trabajo y faltan manos; sólo hay que decidirse. Quejarse y no actuar es perder el tiempo y hacérselo perder a los demás.
Ya sabes que yo ahora soy voluntaria en una ONG de Desarrollo, socia de esa ONG y unas cuantas más, y promuevo el voluntariado en las empresas. Desde mis primeras experiencias adolescentes de voluntariado en Cruz Roja Juventud en León había pasado mucho tiempo sin que me animara a repetir la experiencia. Ya estaba tardando.
miércoles, 1 de junio de 2011
Emprendiendo
Hace ya más de dos años que asistí a aquel seminario de Josepe García en la Cámara de Madrid, "¿Quieres convertirte en empresario?", y no se me olvida. Me acuerdo que me dijiste: "Te veo desmotivada. Ve a ver a Josepe y por lo menos ya sabes que saldrás con las pilas cargadas". ¡Qué razón tenías, Rosa!
Cuando acabó el seminario me acerqué a saludar a Josepe y aprovechando que es un coach estupendo, le dije "Tengo un problema: no hago más que pensar en qué oferta de consultoría puedo lanzar por la que existan clientes dispuestos a pagar, y no la encuentro." Y Josepe estuvo rápido: "¡Error!" - me dijo - "Tienes que pensar en qué te apetece hacer a ti y lo demás vendrá rodado".
De pronto me quedé confusa. Me despedí de él y me fui. Salí de la Cámara, crucé la calle y me senté en la parada del autobús. Entonces empezaron a pasar cosas por mi cabeza... ¡empecé a entenderlo!
Llegó el autobús (estaba tan absorta en mis pensamientos que no sé ni cómo me di cuenta) y todo iba encajando en mi mente. Josepe había tocado el resorte adecuado en esos no más de 3 minutos de conversación. Un crack del "microcoaching".
Fue como esos pasatiempos que dicen "una los puntos numerados con una línea y aparecerá un dibujo". Efectivamente. Me di cuenta de que llevaba ya casi cuatro años tomando decisiones aparentemente inconexas: apuntarme a un curso, asistir a un acto, ponerme en contacto con alguien, incorporarme a un proyecto, tomar las riendas de otro... ¡No eran puntos inconexos! Al unirlos surgía un dibujo que marcaba con bastante nitidez el camino que ya estaba recorriendo. Sólo me había despistado y andaba sin brújula.
Ese día aprendí que dar un giro a tu vida no implica romper con el pasado. Entendí que llevaba puesta una mochila llena de recursos que me servían. Mi pasado pasó a ser mi aliado.
Cuando me desanimo (que ya sabes, Rosa, que ocurre a veces) me acuerdo de aquel soleado día de mayo y mi conversación con Josepe. Y me aplico el cuento.
Cuando acabó el seminario me acerqué a saludar a Josepe y aprovechando que es un coach estupendo, le dije "Tengo un problema: no hago más que pensar en qué oferta de consultoría puedo lanzar por la que existan clientes dispuestos a pagar, y no la encuentro." Y Josepe estuvo rápido: "¡Error!" - me dijo - "Tienes que pensar en qué te apetece hacer a ti y lo demás vendrá rodado".
De pronto me quedé confusa. Me despedí de él y me fui. Salí de la Cámara, crucé la calle y me senté en la parada del autobús. Entonces empezaron a pasar cosas por mi cabeza... ¡empecé a entenderlo!
Llegó el autobús (estaba tan absorta en mis pensamientos que no sé ni cómo me di cuenta) y todo iba encajando en mi mente. Josepe había tocado el resorte adecuado en esos no más de 3 minutos de conversación. Un crack del "microcoaching".
Fue como esos pasatiempos que dicen "una los puntos numerados con una línea y aparecerá un dibujo". Efectivamente. Me di cuenta de que llevaba ya casi cuatro años tomando decisiones aparentemente inconexas: apuntarme a un curso, asistir a un acto, ponerme en contacto con alguien, incorporarme a un proyecto, tomar las riendas de otro... ¡No eran puntos inconexos! Al unirlos surgía un dibujo que marcaba con bastante nitidez el camino que ya estaba recorriendo. Sólo me había despistado y andaba sin brújula.
Ese día aprendí que dar un giro a tu vida no implica romper con el pasado. Entendí que llevaba puesta una mochila llena de recursos que me servían. Mi pasado pasó a ser mi aliado.
Cuando me desanimo (que ya sabes, Rosa, que ocurre a veces) me acuerdo de aquel soleado día de mayo y mi conversación con Josepe. Y me aplico el cuento.
Rosa
Nací entrada la segunda mitad del siglo pasado y siempre he sido una persona bastante convencional. Después de 49 años tuve la peregrina idea de salirme del camino normal de mi vida por una vía lateral. Y entonces me encontré con Rosa. Creo que ella ya estaba cerca de mí antes de ese momento, pero yo no me había dado cuenta.
Salirse del camino por donde avanza la mayoría de la gente es muy tentador... pero cuando lo haces te encuentras sola. ¿Sola? En realidad hay muchos más, pero cada uno ha tomado caminos diferentes, por razones diferentes, con objetivos diferentes. Tu nuevo camino es solamente tuyo. Ya no vale seguir a los demás. Ni que te sigan.
Por eso, inconscientemente, yo buscaba alguna compañía. Y allí estaba Rosa. Quizá siempre estuvo, no sé. Pero yo estaba muy ocupada en sobrevivir para darme cuenta de ello.
El silencio ayuda a escuchar. Y la voz de Rosa sonaba muy clara. Increíble.
Rosa es una socia imprescindible. Me alerta, me estimula, me critica, me alienta. A veces me deja por imposible. Algunas veces también se pone muy pesada. Pero es una ayuda inestimable para mí.
Hace ya más de dos años desde que me encontré con mi amiga Rosa y seguimos trabajando juntas. Ahora he querido recoger en este blog algunas de mis conversaciones cotidianas con ella.
A mí me apasionan temas como la sostenibilidad, la responsabilidad social corporativa, el voluntariado, los derechos humanos, la solidaridad, la justicia, la acción para el cambio.
Rosa no entiende ni quiere entender los tecnicismos de mi trabajo, pero sabe más que nadie de personas. Por eso me ayuda mucho hablar con ella de mis progresos profesionales en un lenguaje sin tópicos, sin etiquetas, sin siglas. Rosa y yo hablamos con un lenguaje sencillo y claro, sincero y directo, reflexivo y positivo. Y nos entendemos a las mil maravillas.
Rosa, gracias por tu apoyo. Este blog es para ti.
Salirse del camino por donde avanza la mayoría de la gente es muy tentador... pero cuando lo haces te encuentras sola. ¿Sola? En realidad hay muchos más, pero cada uno ha tomado caminos diferentes, por razones diferentes, con objetivos diferentes. Tu nuevo camino es solamente tuyo. Ya no vale seguir a los demás. Ni que te sigan.
Por eso, inconscientemente, yo buscaba alguna compañía. Y allí estaba Rosa. Quizá siempre estuvo, no sé. Pero yo estaba muy ocupada en sobrevivir para darme cuenta de ello.
El silencio ayuda a escuchar. Y la voz de Rosa sonaba muy clara. Increíble.
Rosa es una socia imprescindible. Me alerta, me estimula, me critica, me alienta. A veces me deja por imposible. Algunas veces también se pone muy pesada. Pero es una ayuda inestimable para mí.
Hace ya más de dos años desde que me encontré con mi amiga Rosa y seguimos trabajando juntas. Ahora he querido recoger en este blog algunas de mis conversaciones cotidianas con ella.
A mí me apasionan temas como la sostenibilidad, la responsabilidad social corporativa, el voluntariado, los derechos humanos, la solidaridad, la justicia, la acción para el cambio.
Rosa no entiende ni quiere entender los tecnicismos de mi trabajo, pero sabe más que nadie de personas. Por eso me ayuda mucho hablar con ella de mis progresos profesionales en un lenguaje sin tópicos, sin etiquetas, sin siglas. Rosa y yo hablamos con un lenguaje sencillo y claro, sincero y directo, reflexivo y positivo. Y nos entendemos a las mil maravillas.
Rosa, gracias por tu apoyo. Este blog es para ti.
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